domingo, 15 de febrero de 2015

El rapto de Europa

Tres años y medio han pasado desde que empecé mi nueva vida lejos de la tierra que me ha visto nacer. Joaquín Sabina suena en la radio, pongamos que hablo de Madrid, niños que beben ginebra, toros blancos y cuando la muerte venga a visitarme, que me lleven al sur, donde nací. Una nueva etapa comienza en cinco días. Estoy feliz, excitado. Más allá, y probablemente motivado por mi nonagenaria abuela en el día de su cumpleaños, lloro. Busco el motivo, la etimología de mis emociones, root-cause-analysis, para algo soy ingeniero.

En un primer lugar creo que fracaso, me gustan las matrices, pero la diferencia entre complejo y complicado se diluye en la lengua castellana. Escribo por primera vez desde el 27 de marzo de 2011. La representación, como la escritura, requiere orden, puede ser por eso que ame el idioma alemán. Dado que todavía me sigo creyendo joven no puedo confiar mi alma a la dinámica de sistemas, me encomiendo a Descartes. Se trata de una posición falsa, fruto de un modelo mental que no sé a qué atiende, dado que cuando leí a Descartes me pareció horrible, demasiado formal y anquilosado. No me molesta.

La distancia es horrible y naturalmente mucho antes de todo esto he llegado a la conclusión de que lo que me ha movido a vivir en tres países, disfrutar y luchar en todos ellos, amar, mudarme diez veces, volar cien, es una profunda fascinación por Europa.